lunes, 9 de noviembre de 2015

Más que satisfacerse

Salí de la estación del metro y todavía estaba ahí,  igual que el día anterior, igual que la semana pasada.  Baja tres escalones, camina hasta el borde del mirador y sube cuatro,  está indeciso.  Tiene miedo.  En  la mano derecha un lapicero, en la izquierda seis libros no muy protuberantes y en su espalda descansan,  en una negra y extraña maleta, unos 8 o 9 ejemplares más.  El libro es el mismo, titula algo así:  "qué trae el viento". Creo, no me acuerdo.  Antes no se me hacían tan parecidos,  supongo que se debe al afán,  o a la pésima atención que tengo y me priva de ver lo evidente. Pero sí,  son todos  iguales, titulan lo mismo.
Caminó hacia mí como siguiendome el paso, como si se hubiera dado cuenta que lo observe antes de bajar y preguntó:
-¿podrías darme la hora?

Vi sus ojos por un momento, Tiene la mirada de quien ha quemado poemarios enteros sólo por conseguir la ceniza por la que soplar sus deseos.
-claro.  Son las 5:26 de la tarde, le respondí un poco temblorosa y sin evadirlo.
-te he visto bajar de la estación varias veces, ¿vas de afán?  ¿podría invitarte a algo?

Al principio creí que me invitaría a leer sus delgados e incompetentes libros, pero no voy a negar que la curiosidad invadía mi desconfianza y fue ella la que respondió casi por impulso y con un agrado que hasta a mí me sorprendió:

-claro que sí,  tengo tiempo suficiente.

Bajamos juntos los últimos escalones de la estación y caminamos hasta un     caffe-bar cercano.
-y ¿vendes libros? Pregunté, curioseando las primeras páginas del que sostenía todavía en sus manos.

-no,  yo los escribo.
Y sus ojos delatores brillaron como un destello de sol, tanto, que los míos se aguaron y mi sonrisa satisfecha se encontró con la suya, aún nerviosa.
-así que escribes,  ¿por qué?  Podrías ser arquitecto, médico, policía. Pero no.  Eres escritor.
- estudié antropología, pero no,No nacemos para quedarnos. Nacemos para correr, correr y correr. Para acabar donde nunca imaginamos.  Escribir me permite crear, me guía,me da alas, puedo diseñar el mundo a mí manera, como me gusta y como no también.
Nos quedamos en silencio unos segundos y sus manos creadoras de historias se encontraron con mis manos frías, jugaba con mis dedos mientras yo miraba los rulitos de su cabello y sonreía, Aleteando y deslizandonos por la corriente de nuestras emociones.

Me invitó a que me asomara y eso hice. Me susurró al oído la canción más indecorosa que he escuchado y observé a toda la sala aplaudir al redoble del tambor de nuestro primer beso. Joder, si que aplaudieron. Sus labios tenían ese sabor intenso que dejaba intuir que en su aliento tibio se encontraban todos los aromas y venenos que cualquier mujer  pudiera desear para morir en paz. Tenía unos dientes que cumplían más deseos que los de león y la costumbre de colarse en los míos de forma  caprichosa como escarcha en la piel.

En el triángulo que formaba la galaxia de su espalda empapelada por el plumaje de sus alas, tropecé con unos poemas escritos en tinta transparente que te hacían comprender que es mucho más infiel ver a otro en sus labios, que buscarlo en la boca de cualquier desconocido.

Había intentado decirme a mí misma que no me importaba, que habíamos acabado de conocernos y hasta el momento de él no sabía mucho. pero cuando me miraba mi corazón latía tan fuerte que me silenciaba y resonaba en mi interior la canción de quien quiere más,  de quién busca más que satisfacerse.

-Daniela Loaiza

domingo, 11 de octubre de 2015

El elegido

Siempre que se hace una historia se habla de un viejo,  de un niño o de sí.
Pero mi historia es difícil,  no voy a hablarles de un hombre común; haré la historia de un ser de otro mundo,  de un animal de galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la vía láctea, es una historia enterrada,  es sobre un ser de la nada.

Nació de una tormenta,  en el sol de una noche,  el penúltimo mes.  Fue de planeta en planeta, buscando agua potable.  Quizás buscando la vida o buscando la muerte,  eso nunca se sabe.
Quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable o por lo menos querible, besable,  amable.
Él descubrió que las minas del rey Salomón se hallaban en el cielo y no en el África ardiente como pensaba la gente.
Pero las piedras son frías y le interesaban calor y alegrías; las joyas no tenían alma,  sólo eran espejos colores brillantes.
Y al fin bajó hacia la guerra.  Perdón,  quise decir a la tierra.
Supo la historia de un golpe; sintió en su cabeza cristales molidos y comprendió que la guerra era la paz del futuro.
Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.

La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo.  Iba matando canallas con su cañón de futuro.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Me ahogo

Tiene los ojos chiquitos,  parecen pesados,  como exigiendo fortaleza,  como con miedo a encontrarla.
¿abría llorado?
No lo sé; puede que alguien lo sepa  ¿Quién?  No sé, Yo no.
¿por qué abría llorado? 
Por lo de siempre o quizás a eso le había agregado algo. 
¿y si me necesita?
Siempre te necesita,  pero casi siempre tiene miedo a decirtelo.  Así es. como si temiera encontrar lo que busca  y perderse al  encontrar la razón más grande y frágil por la que la amaba.
¿se puede decir que algo es grande y frágil al mismo tiempo?  Casi siempre la  Primera vence a la segunda y por eso lo vuelve frágil. Porque duele,  porque apuñala, porque no cicatriza, porque destruye. 
-no se destruye lo que se ama.  Me decía cada vez que notaba desinterés en mí, cuando la contradecía y notaba discordia.

Si según ella no se destruye lo que se ama ¿por qué lo hace?  ¿Acaso no me ama? Nadie puede decírmelo y sin embargo, sigo creyendo cada vez que sus dedos uno por uno, pasean por mí rostro y bajan unidos por mi brazo hasta entrelazar su mano con la mía, que sí lo hace; Que de vez en cuando piensa en mí y me busca,  así sea en los recuerdos más efímeros y recónditos de su memoria.

Desaparezco.  Parece que desaparezco para ella y aún así  no tengo el valor para decirle que lo siento.  Que siento no haber podido limpiar sus lágrimas cuando caían una a una haciendo camino en sus mejillas, que siento haberles permitido robarme esas caricias y que siento tanto,  pero tanto que no note lo grande que es para mí y a la vez lo frágil que me pone.  No pude.  Esque enserio el miedo nos hace tan torpes.
Y si la viera llorando de nuevo ¿estaría dispuesta a estar ahí,  en el Momento tal vez no indicado?  ¿y si ella es la que tiene miedo?  ¿miedo de qué?  No sé.  De ella sé muy poco; A mi nunca me lo ha dicho.

Sirvo un vaso de agua,  tomo un sorbo y me ahogo en preguntas, necesito tragarmelas.  Porque no estás,  porque no te tengo,  porque existe alguien más y no me gusta interrumpir,  porque resultaría estúpido por lo menos para mí, exigirte una respuestas cuando pude ser yo el interrogante o en el peor de los casos exigirle una respuesta cuando me creo interrogante.
¿que vas a hacer?
No creo que me necesite para limpiar sus lágrimas y si me necesita ¿por qué no me lo dice y listo?  ¿esque acaso no se da cuenta que yo también necesito que me recuerden lo que "debo hacer"? 
¿y si yo la necesitase,  ella estaría ahí? 
Hasta ahora No lo ha estado, no sé  si es porque  yo tampoco he estado cuando es ella la que me necesita o si por el contrario tiene miedo ¿miedo de qué?  ¿también ella tendría miedo? ¿y si las dos tenemos miedo?  ¿ella me tendría miedo a mí y yo le tendría miedo a ella?  O ¿tendríamos miedo a la misma cosa? ¿Cómo funciona? 
Tomo otro sorbo de agua y me bebo el  Vaso entero,  parece ahora que me he bebido sus lágrimas,  por lo menos las mías sí.

-Daniela Loaiza

sábado, 29 de agosto de 2015

Allá

¿has tenido alguna vez  ganas de ser libre?  ¿de querer huir de algo,  a lo que sin duda volvería una y otra vez? ¿en poner en conflicto los deseos y lo realmente bueno,  por más amargo que sea?
A mí, me gustaría dejar de ser dependiente de lo que tengo aquí,  ahora. Me gustaría dejar la soledad, el café de por la mañana a medio calentar en vaso blanco,  con la pequeña cuchara de aluminio.  Me gustaría dejar el amor,  el deseo a lo efímero, me gustaría olvidarme de la sensación de libertad  cuando llego a la casa de largas jornadas y me quito los zapatos para sentir la fría baldosa,  el suelo solido y estable que cada día espera, aunque aun no sé si tenga esa capacidad, de que sea pisado por mí, por mi familia y por la melancolía de no encontrar calidez en él. Me gustaría también olvidarme de la luz, esa que de tantos momentos se ha apoderado,  y que me ha mostrado lo que realmente no necesito ver.

Aveces,  sólo aveces,  me gustaría olvidarme de mí y de lo estupida que debo Verme cuando idealizo un futuro, Cómo si existiera tal cosa.  Como si la vida se devolviera y te mandara señales de la circunstancia que más adelante debes estar instruido para arreglar, como si el hoy fuera el futuro del ayer. 

Allá nada se necesita,  allá todo se olvida.
La vida allá es la vida pura,  en esencia,  la vida allá es vida viva. 
Allá,  donde se siente cada particula de  viento con tal intensidad,  que puedes sentirlo solido,  como si te envolviera, así, tan frío que acalora y te eriza la piel, siempre como si fuera la primera vez.
Allá donde los arboles se convierten en aliados y compañeros,  allá donde sentarse es la gloria y respirar el impulso. Allá donde golpearse con las rocas no duele,  da risa.  Allá donde el apretón de mano de un amigo se convierte en valentía y realidad,  allá no se necesita,  pero se siente más,  con cada célula,  con cada querer. 
A allá iría todos los días sin que me pareciese obligación,  me acostaría en el césped y me dejaría llevar por las constelaciones que parecen nuevas cada vez que mis ojos las encuentran, bajaría la vista hasta encontrar la silueta de dos o tres montañas y me crearía historias de sucesos que pudieron ocurrir ahí o están por ocurrir.  Allá donde caminar descalzo calma,  renueva,  reconforta,  construye. 
Allá donde el sonido lejano del caer del agua,  en una cascada direcciona fe, carga ganas.  Allá donde el alma encuentra su estado más alto de armonía con el medio, con el otro.  Allá donde encontrarse con uno mismo se hace más fácil,  más bonito.  Allá donde la felicidad se reduce en la sonrisa de alguien,  en tu sonrisa misma,  en las noches,  cuando partes el silencio y te dejas llevar por la necesidad de desbordar calidez y aceptación.  Donde correr y esconderse deja de ser un juego y se convierte en la única preocupación y angustia del momento.

Allá donde la vida es más compleja, porque no todo está resuelto,  porque tienes que sacar la felicidad de ti y palparla,  sentirla,  transmitirla,  verla en efecto.  Allá donde se vive.

-Daniela Loaiza

sábado, 15 de agosto de 2015

Pupilas del tamaño de la luna

-Buenos días.
Y mi corazón saltaba de emoción provocando una sonrisa que llegaba con el mismo amor a la de ella.
Me parece que se le hace tan fácil decirlo,  es como un impulso o una reacción de generosidad.  No sé si sabe el choque eléctrico que causa en mí corazón cuando me saluda.
Muchas veces es lo único que quiero escuchar en semanas, porque me despierta pero al mismo tiempo dormía en mí los dragones más oscuros y hasta los malos genios.
-buenos días.  Respondía yo después de salir victorioso de tan eternos nervios.
Me quedaba mirandola conchudamente por unos 4 segundos,  me perdía en sus gigantes ojos y me parecía suficiente.
Saltaba por dentro y ahora que lo imagino, me doy cuenta que causa misterio, porque ahora que los recuerdo me gustaría estar dentro de ellos y sentir sus lágrimas cuando desean tocar su rostro,  me encantaría mirar el mundo desde allí,  para ver lo ridículo que me veo cuando los miro y para  hacer parte de cada parpadeo de amor que lanza cada vez que sin culpa, porque ya es natural de su parte, saluda a una y cada una de las personas que entran en la oficina durante todo el día.

Me sonrió,  su sonrisa cálida,  que me devolvía y me quitaba el aire era tal vez el sello perfecto para tan hermosa obra de arte.
-¿Cómo está el tráfico? Preguntó interesadamente,  como si en verdad le importara,  como si de eso dependiera la hora de llegada a su casa.  Vivía a dos cuadras del edificio y caminaba a casa todos los días después de una larga jornada de saludos generosos,  después de una jornada de trabajo.
-bastante lento.  Respondí.
me tocará implementar algo con que distraerme en el coche para no quedarme dormido por las mañanas.
Eso le dije,  como si no tuviera con que distraerme,  como si la foto de ella no fuera suficiente para traerlo de suspiro en suspiro a la oficina.

Realmente esa fue mi primera señal clara.  Pupilas del tamaño de la luna, espejos que habrían su alma para darle paso a la felicidad,  para despojar de allí adentro todos los cajones caídos,  todas las ventanas rotas,  todas las escenas sin terminar y recoger las cenizas,  esas que se adhieren también a mí como sentimientos compartidos, yo como amigo en la causa.  Es así,  como cuando quieres hacer tuyas las desgracias del otro y cargar lejos de acá todas las aventuras mal selladas y cada tristeza no deseada.

-Quizás después del trabajo podríamos quedarnos a comer,  no sé que dices.  Sólo  para esperar que las calles se descongestionen un poco.

¿Podrá existir mejor sensación que esa?
¿podría alguien explicarme el momento exacto en el que una sonrisa se convierte en una propuesta?

-estaría encantado.  Hablamos en la  Noche.
Le Respondí un poco impactado y hasta cortante, porque era imposible que en ese momento surgiera algo diferente a un acepto.


viernes, 7 de agosto de 2015

El náufrago

Partió y recordó una vez más las Veces que quizo devolverse cuando pudo,  cuando aún miraba el ocaso y a lo lejos su mujer lo Miraba con la espera apresurada y melancólica de volverlo a tener cerca. 
Miró a su lado y lo acompañaban grandes olas de vacío,  olas que lo llevan a lugares desconocidos,  turbulentos y a veces difíciles,  pero sin duda confiaba en ellas tanto como en sus remos y en su esperanza de encontrar lo desconocido.

¿llegaría vivo a su destino?   Nadie lo sabía,  ni sus aguas.  Lo único que tenía claro era lo extensos que se le habían vuelto los días desde que naudragaba solo.
Antes,  cuando salían del puerto marinos en cantidades en sus exuberantes barcos,  tripulados por agrandadas aglomeraciones de personas.  Algunas con sus maletas cargadas de fe,  de una vida en pausa que espera un encendido automático para brillar, para vivir.  Otras sólo llenas de ganas de volver. 
Recuerdo que los miraba uno a uno antes de girar el timón y se me parecía tan extraña la forma como se despedían de sus familiares,  de sus amigos y de  la vida que habían dado por terminada en ese lugar.
Me acuerdo también que esos muelles tenían un olor extraño, un olor que a veces me hostigaba, que ahora cuando lo recuerdo todavía puedo sentir la amargura que habitaba en la sal de las lágrimas,  en la melancolía que llenaba mi barco
-¿a qué huelen los muelles?
-los muelles huelen a adiós

Se le volvió monotonía,  y así como uno se cansa de sufrir también se cansa de ver sufrir.  Claro que se sentía orgulloso,  "como no estar orgulloso de ser marino,  si nos convertimos en transportadores de vida,  de ganas,  de destinos. No sólo soy marino,  soy mi barco,  el mar,  la turbulencia y la esperanza de mis náufragos"  decía él en sus años dichosos,  esos que eran su vida,  y los que formaron lo que es ahora. 
En días de vacíos emocionales podía sentir las sirenas,  las corales y los caracoles implorarle un adiós,  decirle una a una que su vida como gran marino había acabado y que se debía conformar ahora con verlos partir a su lado y no partir con ellos. 

-¿por qué dejaste de ser marino?
- claro que no dejé de serlo.  Ahora hago parte de algo más importante.  De la fuerza,  de la energia o de eso que llaman suerte en cada naufragio.  Estoy satisfecho,  puedo pasar más tiempo conmigo y mi mujer.  Más que eso,  tengo más tiempo para disfrutar de la experiencia,  esa que recogí emocionado cada mañana cuando tiraba de las poleas y extrañaba mi hogar.

Los veleros están llenos de eso, estan llenos de ganas y de desbordados sueños,  vividos y por vivir.  Le gusta salir en las tardes a eso de las 5:30 pm porque dice que a esa hora las despedidas duelen menos y los deseos duelen más.  No naufraga solo.  Naufraga con cada tripulante de su antiguo barco,  con su mujer y con cada recuerdo que habita en su mente,  esa que nunca podra ser sellada,  esa que vive inmensas aventuras con él.

-Daniela Loaiza

miércoles, 22 de julio de 2015

"De momentos está hecha la vida"

A paulina...  Gracias por permanecer.  Le de volviste a mi vida algo que había perdido, le enseñaste a volver.

¿Puede uno descubrir el momento en el que se le agotan los deseos para vivir?
Deberíamos ser visionarios, deberíamos poder ver que sigue después de los actos que a veces y sin razón cometemos.  Actos fríos y vacíos, sin sentido alguno.

Paró de caminar y se quedó mirando profundamente un grupo de niños que jugaban y reían en el comienzo del espeso bosque que estaba a punto de penetrar. Le parecía absurdo,  le Parecía  ilógica la forma como se divertían tan fácilmente y sin controversia alguna,  por naturaleza no le agradan los niños, dice que son como un grillo,  así, intensos y hostiles,  molestos y frágiles.
Lanzó una mirada atrás y observó la calle que sus pasos habían terminado de dejar, miró de nuevo hacia alfrente y empezó a entrar en el espeso bosque,  ese que sería el set perfecto para el capítulo final de su vida,  que pronto protagonizaría. 

Sus pasos no Estaban firmes,  toda su vida lo estuvieron y ahora,  quizás ya sin fuerza ni motivo alguno se seguían uno al otro, como si se Guiaran y se cuidaran mutuamente.  sus manos blancas y heladas, una dentro del bolsillo izquierdo de la chaqueta,  la otra empuñada,  como un signo de protesta a la vida, como un desprecio al aire.  Sus ojos seguían abiertos con la misma intensidad de siempre,  con el mismo propósito que en toda su feliz vida los impulsó a ver y crear imágenes que aún,  después de no poder más imaginaba tan perfectas.  Caminó sin parar durante unas 2 horas, paró en un muelle gris, solitario y  sin vida.  Observó cada peldaño y dirigió sus dedos por cada grieta en el suelo que le recordaba  cada vez con más claridad lo agrietada que su vida se encontraba.
El viento trajo en aroma conocido y se le fue haciendo misterioso y tenebroso el sonido de las hojas secas que sin avisar quebraban con más intensidad y cada vez más cerca. 
-¡te ando siguiendo desde hace rato! ¿para donde va?
miró a un lado y ahí estaba,  más bonita que el día anterior,  tan exacta como siempre
-¡respondeme! Pensé que no te alcanzaría 
- ¿para qué me siguió?  ¿qué necesita?
- a usted siempre. ¿tengo que decírselo todos los días para que me crea?  Ya sabe que eso es lo que menos me importa,  yo sólo quiero quedarme con usted, así sea por un minuto más,  eso me hace realmente  feliz.
Deprisa se paró del suelo gris que hace unos 20 minutos era testigo de lo pesada que se le había convertido la vida y la tomó de la mano,  se acercó y sin preámbulos preguntó:
-¿Quién se quedó con mis ganas de vivir?
¿a donde fueron sin mi?

Como si ya tuviera planeado una y cada una de las acciones que iban sucediendo,  sacó 2 cigarros, los encendió y se sentaron a la orilla del muelle que ahora parecía tan arcoíris y le respondió:

-ahí las tienes,  no las escondas,  te conozco y sé que nunca vas a dejar de amar lo que haces,  no te hundas,  eres muy joven y la vida es hermosa, las lagunas que aveces intentan inundar tu corazón, no son más que fuerzas y pasos en falso,  que direccionados te mostrarán la salida de las más oscuras de ellas,  para las más claras,  aquí estoy yo.  Si así lo deseas claro...
Curiosa se levantó un poco, despacio, con cuidado de no hacer ruido; como si pudieran escucharla, como si el sonido pudiera quebrar el momento y la abrazó,  la abrazó tan fuerte que pudo sentir sus pensamientos recorrer su cuerpo  como corrientazos de vida,  de esa que hace poco le hacía tanta falta.
-¿ya le he dicho que sus ojos son hermosos?
Y se quedó mirando atentamente esos dos faroles gigantes,  que se le hacían tan familiares pero tan sorpresivos.  Fue ahí cuando el reflejo de algún rayo de sol que justo en ese instante pasaba por sus pupilas le devolvió la vida,  le mostró el camino a seguir,  la luz más sincera y codiciada por muchos. 
Puso las manos a ambos lados de su cabeza. Le parece, a ella, que quisiera taparle los oídos para que no se le salgan a chorros los pensamientos y susurró: "de momentos está hecha la vida".  Bajó sus manos y tomó las de ella para jugar en el  Muelle, para intentarlo otra vez.

-Daniela Loaiza

viernes, 17 de julio de 2015

Rayo de sol

Me parece extraña la forma que tiene la vida para recordarnos lo insignificantes que somos para ella.  Digo,  la Vida sin nosotros no tendría sentido, pero cuando desaparecemos, no seremos más que recuerdo tormentoso para un puñado de personas que a la larga seguirán con sus vidas hasta morir. 

Probablemente haya deseado  sin darse cuenta más de una vez desaparecer.  Pero por dentro, justo en el corazón la invadían a la vez unas ganas enormes de vivir, de ser feliz y de quedarse en este mundo que le parecía siempre tan maravilloso.

Caminaba despacio bajo las tenues sombras de una tarde de otoño a media luz.  El tapete de hojas que adornaba la acera se quebraba bajo el Paso de sus pies.  Atenta,  escuchaba ese sonido que sin saber por qué le recordaba el crujir de los sueños cuando se rompen.  Era ahí cuando alzaba su cabeza y observaba las nubes,  esas que tanto le devolvieron amores de antaño,  las que cubrieron la luz cuando no la deseaba. Esas eran las mismas que aún permanecían ahí pareciendo intactas sobre su cabeza.
¿por qué se esfuman?  ¿de donde vienen?
Lanzaba preguntas inconclusas que por obvias razones jamás le fueron respondidas.  ¿y si cuando morimos nos volvemos nubes? ¿o quizás rayos de sol? 
Cuando sobre sus manos se posaba esa luz efímera que desprende el sol a media tarde,  solía quedarse mirandola por un rato y sentía esa calida caricia natural que le recordaba tiempos mejores o tal vez sólo le ofrecía la tranquilidad que temporalmente necesitaba. 

"cuando muera desearía ser un rayo de sol,  así podré posarme sobre el mundo, sobre las cosas que amo y sobre las que no tanto.  Así podré dar luz y calor a sombras tristes y oscuras que podré hacer pasajeras.  Cuando muera desearía convertirme en tranquilidad para los demás,  en un beso.  O no, mejor en un abrazo,  así podré sentir las intenciones más puras y podré encajar en cada cuerpo que de mí haga falta"  siguió su camino con la compañía temporal de ese rayo de sol.  Sin saber que esa sería la unica vez que este se posaría en su piel,  si nisiquiera imaginarse que esa,  sería la última vez que desearía algo en su vida.

-Daniela Loaiza

domingo, 12 de julio de 2015

Líneas como fronteras

Gracias por direccionar mis ojos,  los arboles se hacen más grandes y me pongo a sonreír sin sentido a todo el mundo. Claro que sé que sentido tiene, pero es estúpido que otros se conviertan en complices de mi sonrisa.

No se me hace costumbre amar,  soy muy detallista y espero poco de los demás.  Pero entiendo perfectamente lo que me pasa,  hace días cuando me llevabas de la mano y me mirabas a los ojos pretendiendo decir algo, sentí una sensación que recorría por mis venas y me impulsaba a sonreír,  a mirar y sentir cada palpitación tuya,  cada deseo mío.  ¿podríamos hacer ese momento eterno?  ¿podríamos morir por un rato ahí,  viviendo para el otro?  Parecí desaparecer,  no estaba en órbita, el suelo no sostenía mis pasos,  me sentí libre y a la vez atada a un momento que deseaba fuera eterno, que sus ojos no dejaran de mirarme y que su mano siguiera apretando tan fuerte,  que el mundo se haría pequeño para encajar ahí, juro que sentí ganas inmensas de besarle,  de entrar por fin en discordia con mis prejuicios y de hacerme un favor.
Todas las noches, cuando me pierdo en luces de ciudad, te pienso y no dejo de culparme por lo que no fue aunque siga dandome toda la razón y aceptando que está  bien cada inacto cobarde que he cometido en mi vida.

Aún así,  siento que tenemos una deuda,  una tan grande que a veces me consume y se hace culpable de varias largas noches sin dormir,  dedicadas una y cada una a usted y su extraña forma de devolverme la vida,  de sacarme a pasear por un rato fuera de este cuerpo lleno de líneas que todas parecen llegar a usted. De lineas como fronteras que dividen mis ganas y el Poder que tengo para satisfacerlas,  que fragmentan mi cuerpo para que sea sólo usted quien tenga el poder de juntarlo; juntarlo con todos los besos que quedaron en un tal vez,  esos que todavía me debe pero que estoy segura pagará.

He notado también que se está convirtiendo en la única razón por la que miro mi celular cada minuto,  y creo que pensarías que eso es memorable porque bien sabes que mi vida está atada absurdamente a esta maquina consumista,  y quizá sea usted la única razón para dejarla a un lado cada vez que así lo desee.

-Daniela Loaiza

lunes, 29 de junio de 2015

El placer de no pertenecer

Colgó el teléfono,  se sentó,  prendió un cigarro y lloró.  Lloró sin saber que debía hacer a continuación, sin nisiquiera estar segura de lo que había dicho ni de las reacciones que vendrían a continuación.
En su cabeza todo estaba muy claro,  sabía que no podía amar a alguien más que a ella misma y sabía que nadie la amaría tanto como ella misma lo hacía.

-Debo decirte algo.

*soy todo oídos amor.

-mira,  no quiero andar con rodeos.  No soy buena en esto,  soy egoista.  Muy egoista y no me gusta que otra persona dependa de mí para ser feliz. Me gusta estar sola,  lo disfruto como si naufragara en lagos en medio del ocaso.
 
*oye, te amo que eso no se te olvide  y estaré dispuesto a naufragar contigo en cualquier lago, por más seco y oscuro que sea.  Te amo y me gustas así tal cual eres.

-yo no,  ya no te quiero.  Hablas demaciado, eres presumido y crees saberlo todo.  Así es,  así lo siento.  Perdón por llenarte de dudas y buenos momentos; pensé que podría intentar algo con alguien.  No siento que seas tú, realmente no me interesa nadie, ya lo dije soy egoísta y no me gusta andar cargando vidas aparte de la que ya tengo.

*¡explícame!  ¿puedo ir a tu casa?  Tomemos algo,  ablemos, lleguemos a acuerdos,  quédate por favor.

Escuchaba una voz desesperada,  solloza y apunto de llorar.  Por fin me sentí libre y sabía que no estaba bien nada de lo que había hecho.  Pero debía decírselo, no podía dejarlo ahí, por tenerlo mientras yo me hundía en pertenencias absurdas y lo engañaba con cada acto cariñoso y "sensato"  de mi parte.

-mejor no vuelvas nunca,  eres libre.  Busca alguien que pueda atarse a ti  y quedarse ahí esperando lo siguiente.  Espera la persona que pueda pertenecerte, que pueda renunciar a ella misma y mirarte a los ojos así como me miras.  Descanza un rato y continúa con ella,  de la mano, así como te gusta,  sin dejarse ir,  átala a ti como un puñal y dejala ahí hasta que decida cortar y desangrarte.  Cariño,  ese no es mi lugar,  ése nunca lo será.

Se sintió sola, pero nunca vacía.  Porque así es ella.  Nunca será de nadie.  Sólo de ella, porque está convencida de lo bueno que puede llevar el estar solo y seguro.
No espera,  nunca espera nada ni a nadie; es fría y puta.  Sí,  es puta.  Es putisimamente puta.

sábado, 27 de junio de 2015

Yo estoy bien

Pude ver su interior,  pude estar ahí y dejarme tocar de cada sensación,  claro que pude Sentir sus ganas, sus deseos y a veces creo que sus más puras y sinceras intenciones.

-Deberíamos hablar sobre esto,  algo no está bien.
*¿que pasa? Todo anda de maravilla,  puedo reír,  comer,  hacer amigos y hasta intentar cosas que antes ni estaban en mis planes.  Por acá todo anda muy bien.

Me miró por unos segundos,  sacó su candela, prendió un cigarrillo y fumó a largas pulmonadas,  así como cuando ponía su mano sobre la mía y caminábamos por las calles, por los lugares que provocaban esa sensación de tranquilidad y desespero.  De vida y de muerte. Bajó del auto y se marchó.  Así,  tal cual como la primera vez que lo hizo,  como la última vez que lo hizo.

No quiero hacerme cargo de rencores,  no quiero ser amigo de mentiras y mucho menos de desequilibrios.  verás,  las cosas no saldran como lo esperas y no puedes hacer nada.  Siéntate y espera que todo pase. tranquila, no intentes llenar vacíos con otros,  hasta de veneno te puedes llenar. Espera que puedas caminar con alguien,  espera el momento preciso.  No inventes,  no estás para eso. Organiza tu vida y ve a buscar otra para llenar.

De hecho me he vuelto amigo de las calles y aceras,  del viento y del calor que quedaron.  Estos no pudieron seguir a tu paso,  ellos no me abandonan,  ellos no se disfrazan,  ellos si son reales,  ellos si me sienten.
Te amo.

-Daniela Loaiza

jueves, 25 de junio de 2015

Vigía de deseos

Siempre he pensado que cuando el sol se va, algo mío se lleva. Quizás  mis recuerdos, quizás mi futuro. Quizás mi luz o tal vez mi sombra. Me reconforta y me revive, me llena de ganas inmensas de verlo salir mañana pero sobre todo me deja un inmenso vacío. No un vacío oscuro y hondo, uno del que no pueda salir jamás, un vacío al que todos le temen, un vacío silencioso y solemne, me deja un vacío que él y sólo  él puede llenar, puede alumbrar, puede salvar.

 A veces, cuando la tarde cae y me quedo atónita viendo nubes y estrellas. Recuerdo todo lo que me quedó por decir, todo lo que me quedó por hacer. Se me alumbran los ojos de recuerdos y de unas pequeñas pero sentidas gotas de deseo, porque lo que no se dice es como una nube. Pasa y se olvida, pero primero se queda y atormenta, enseguese y oculta las más hermosas oportunidades.
 Entonces es el sol guardián de los más reconditos secretos, vigía de ocasiones postergadas a algún mañana, dueño y señor de condenas, de esas que duelen y duran tanto como un atardecer. Instantes llenos de dolor, pero tan repetitivos que se convierten en  monotonía no deseada.

 A veces me gustaría creer que podré hacer y decir todo lo que soy, creo y siento, algún día, rodeada de personas de papel, gritaré al cielo todo lo que oculto y quizás ahí, en ese instante, el sol me devuelva lo que de mí se llevó; esa luz interna reflejada a los demás, ese oasis de amor que pinta paisajes y dirige autos en carretera. Ese accionar que hace perfecta la vida.

-Daniela Loaiza

miércoles, 24 de junio de 2015

"La imaginación no es más que un lapiz sin punta,me gusta la gente sin miedo a los limites, la gente capaz de sacarle punta a ése lápiz y crear lo que cree. Es necesario tomar desiciónes. porque si no, esa imaginación no será más que una utopía. Es fácil tomar decisiones, lo difícil es vivir con ellas y eso es algo con lo que nadie puede ayudarte" -Daniela Loaiza

Deprisa y sin prisa

"caemos queriendo llegar a una meta que no es más que un abismo sin memoria"

No para quedarse, sí para husmear

No debo pretender que te quedes,  ni mucho menos esperar que lo quieras.  Voy a dejarte libre,  sal,  descubre,  observa,  llenate de recuerdos,  de lágrimas si es necesario,  de alegrías si así lo quiere la vida.  Ve,  se libre y de vez en cuando muestrame tu  libertad.

 Me siento y espero,  espero verte partir así como cada uno de aquellos que dijeron nunca lo harían, desciende en el ascensor del olvido que a la larga es para mí un recuerdo eterno.  No temas,  quizás encuentres  nuevas alegrías,  buenas personas,  nuevos retos y fantasías que borrarán el camino de vuelta.

Sinceramente jamás pensé llegar hasta aquí.  Mirar tus ojos y que ellos,  con un acto de sutileza y sinceridad,  me observaran también con el mismo amor, con el mismo gesto protector.  Lamento decirlo, pero nadie se había quedado aquí tanto tiempo,  todos se iban,  de hecho todos se van; me miran desde lejos y sonríen.  Quizás deseando suerte o quizás jurando un "nunca te olvidaré"  uno a uno los veo descender,  bajan directo al abismo del nunca más,  directo al lado duro de la soledad.  Tal vez no la suya pero sí la mía.  Porque la sienten,  porque sé que aún sienten cuando los necesito,  sé que saben que en mí siempre vivirán y que cuando sus ojos encuentran los míos,  desean volver; No para quedarse,  sí para usmear.

 No  guardan esperanza,  guardan rencor. Inquietitud ante lo que no se tiene,  recuerdo hacia lo que se tuvo.
Sociedad egoista y celosa,  capaz de andar cambiando de amoríos tanto como su ego se los permita ,  tanto como éste  a la vista se les sea aclarado.

-Daniela Loaiza.