A paulina... Gracias por permanecer. Le de volviste a mi vida algo que había perdido, le enseñaste a volver.
¿Puede uno descubrir el momento en el que se le agotan los deseos para vivir?
Deberíamos ser visionarios, deberíamos poder ver que sigue después de los actos que a veces y sin razón cometemos. Actos fríos y vacíos, sin sentido alguno.
Paró de caminar y se quedó mirando profundamente un grupo de niños que jugaban y reían en el comienzo del espeso bosque que estaba a punto de penetrar. Le parecía absurdo, le Parecía ilógica la forma como se divertían tan fácilmente y sin controversia alguna, por naturaleza no le agradan los niños, dice que son como un grillo, así, intensos y hostiles, molestos y frágiles.
Lanzó una mirada atrás y observó la calle que sus pasos habían terminado de dejar, miró de nuevo hacia alfrente y empezó a entrar en el espeso bosque, ese que sería el set perfecto para el capítulo final de su vida, que pronto protagonizaría.
Sus pasos no Estaban firmes, toda su vida lo estuvieron y ahora, quizás ya sin fuerza ni motivo alguno se seguían uno al otro, como si se Guiaran y se cuidaran mutuamente. sus manos blancas y heladas, una dentro del bolsillo izquierdo de la chaqueta, la otra empuñada, como un signo de protesta a la vida, como un desprecio al aire. Sus ojos seguían abiertos con la misma intensidad de siempre, con el mismo propósito que en toda su feliz vida los impulsó a ver y crear imágenes que aún, después de no poder más imaginaba tan perfectas. Caminó sin parar durante unas 2 horas, paró en un muelle gris, solitario y sin vida. Observó cada peldaño y dirigió sus dedos por cada grieta en el suelo que le recordaba cada vez con más claridad lo agrietada que su vida se encontraba.
El viento trajo en aroma conocido y se le fue haciendo misterioso y tenebroso el sonido de las hojas secas que sin avisar quebraban con más intensidad y cada vez más cerca.
-¡te ando siguiendo desde hace rato! ¿para donde va?
miró a un lado y ahí estaba, más bonita que el día anterior, tan exacta como siempre
-¡respondeme! Pensé que no te alcanzaría
- ¿para qué me siguió? ¿qué necesita?
- a usted siempre. ¿tengo que decírselo todos los días para que me crea? Ya sabe que eso es lo que menos me importa, yo sólo quiero quedarme con usted, así sea por un minuto más, eso me hace realmente feliz.
Deprisa se paró del suelo gris que hace unos 20 minutos era testigo de lo pesada que se le había convertido la vida y la tomó de la mano, se acercó y sin preámbulos preguntó:
-¿Quién se quedó con mis ganas de vivir?
¿a donde fueron sin mi?
Como si ya tuviera planeado una y cada una de las acciones que iban sucediendo, sacó 2 cigarros, los encendió y se sentaron a la orilla del muelle que ahora parecía tan arcoíris y le respondió:
-ahí las tienes, no las escondas, te conozco y sé que nunca vas a dejar de amar lo que haces, no te hundas, eres muy joven y la vida es hermosa, las lagunas que aveces intentan inundar tu corazón, no son más que fuerzas y pasos en falso, que direccionados te mostrarán la salida de las más oscuras de ellas, para las más claras, aquí estoy yo. Si así lo deseas claro...
Curiosa se levantó un poco, despacio, con cuidado de no hacer ruido; como si pudieran escucharla, como si el sonido pudiera quebrar el momento y la abrazó, la abrazó tan fuerte que pudo sentir sus pensamientos recorrer su cuerpo como corrientazos de vida, de esa que hace poco le hacía tanta falta.
-¿ya le he dicho que sus ojos son hermosos?
Y se quedó mirando atentamente esos dos faroles gigantes, que se le hacían tan familiares pero tan sorpresivos. Fue ahí cuando el reflejo de algún rayo de sol que justo en ese instante pasaba por sus pupilas le devolvió la vida, le mostró el camino a seguir, la luz más sincera y codiciada por muchos.
Puso las manos a ambos lados de su cabeza. Le parece, a ella, que quisiera taparle los oídos para que no se le salgan a chorros los pensamientos y susurró: "de momentos está hecha la vida". Bajó sus manos y tomó las de ella para jugar en el Muelle, para intentarlo otra vez.
-Daniela Loaiza