miércoles, 22 de julio de 2015

"De momentos está hecha la vida"

A paulina...  Gracias por permanecer.  Le de volviste a mi vida algo que había perdido, le enseñaste a volver.

¿Puede uno descubrir el momento en el que se le agotan los deseos para vivir?
Deberíamos ser visionarios, deberíamos poder ver que sigue después de los actos que a veces y sin razón cometemos.  Actos fríos y vacíos, sin sentido alguno.

Paró de caminar y se quedó mirando profundamente un grupo de niños que jugaban y reían en el comienzo del espeso bosque que estaba a punto de penetrar. Le parecía absurdo,  le Parecía  ilógica la forma como se divertían tan fácilmente y sin controversia alguna,  por naturaleza no le agradan los niños, dice que son como un grillo,  así, intensos y hostiles,  molestos y frágiles.
Lanzó una mirada atrás y observó la calle que sus pasos habían terminado de dejar, miró de nuevo hacia alfrente y empezó a entrar en el espeso bosque,  ese que sería el set perfecto para el capítulo final de su vida,  que pronto protagonizaría. 

Sus pasos no Estaban firmes,  toda su vida lo estuvieron y ahora,  quizás ya sin fuerza ni motivo alguno se seguían uno al otro, como si se Guiaran y se cuidaran mutuamente.  sus manos blancas y heladas, una dentro del bolsillo izquierdo de la chaqueta,  la otra empuñada,  como un signo de protesta a la vida, como un desprecio al aire.  Sus ojos seguían abiertos con la misma intensidad de siempre,  con el mismo propósito que en toda su feliz vida los impulsó a ver y crear imágenes que aún,  después de no poder más imaginaba tan perfectas.  Caminó sin parar durante unas 2 horas, paró en un muelle gris, solitario y  sin vida.  Observó cada peldaño y dirigió sus dedos por cada grieta en el suelo que le recordaba  cada vez con más claridad lo agrietada que su vida se encontraba.
El viento trajo en aroma conocido y se le fue haciendo misterioso y tenebroso el sonido de las hojas secas que sin avisar quebraban con más intensidad y cada vez más cerca. 
-¡te ando siguiendo desde hace rato! ¿para donde va?
miró a un lado y ahí estaba,  más bonita que el día anterior,  tan exacta como siempre
-¡respondeme! Pensé que no te alcanzaría 
- ¿para qué me siguió?  ¿qué necesita?
- a usted siempre. ¿tengo que decírselo todos los días para que me crea?  Ya sabe que eso es lo que menos me importa,  yo sólo quiero quedarme con usted, así sea por un minuto más,  eso me hace realmente  feliz.
Deprisa se paró del suelo gris que hace unos 20 minutos era testigo de lo pesada que se le había convertido la vida y la tomó de la mano,  se acercó y sin preámbulos preguntó:
-¿Quién se quedó con mis ganas de vivir?
¿a donde fueron sin mi?

Como si ya tuviera planeado una y cada una de las acciones que iban sucediendo,  sacó 2 cigarros, los encendió y se sentaron a la orilla del muelle que ahora parecía tan arcoíris y le respondió:

-ahí las tienes,  no las escondas,  te conozco y sé que nunca vas a dejar de amar lo que haces,  no te hundas,  eres muy joven y la vida es hermosa, las lagunas que aveces intentan inundar tu corazón, no son más que fuerzas y pasos en falso,  que direccionados te mostrarán la salida de las más oscuras de ellas,  para las más claras,  aquí estoy yo.  Si así lo deseas claro...
Curiosa se levantó un poco, despacio, con cuidado de no hacer ruido; como si pudieran escucharla, como si el sonido pudiera quebrar el momento y la abrazó,  la abrazó tan fuerte que pudo sentir sus pensamientos recorrer su cuerpo  como corrientazos de vida,  de esa que hace poco le hacía tanta falta.
-¿ya le he dicho que sus ojos son hermosos?
Y se quedó mirando atentamente esos dos faroles gigantes,  que se le hacían tan familiares pero tan sorpresivos.  Fue ahí cuando el reflejo de algún rayo de sol que justo en ese instante pasaba por sus pupilas le devolvió la vida,  le mostró el camino a seguir,  la luz más sincera y codiciada por muchos. 
Puso las manos a ambos lados de su cabeza. Le parece, a ella, que quisiera taparle los oídos para que no se le salgan a chorros los pensamientos y susurró: "de momentos está hecha la vida".  Bajó sus manos y tomó las de ella para jugar en el  Muelle, para intentarlo otra vez.

-Daniela Loaiza

viernes, 17 de julio de 2015

Rayo de sol

Me parece extraña la forma que tiene la vida para recordarnos lo insignificantes que somos para ella.  Digo,  la Vida sin nosotros no tendría sentido, pero cuando desaparecemos, no seremos más que recuerdo tormentoso para un puñado de personas que a la larga seguirán con sus vidas hasta morir. 

Probablemente haya deseado  sin darse cuenta más de una vez desaparecer.  Pero por dentro, justo en el corazón la invadían a la vez unas ganas enormes de vivir, de ser feliz y de quedarse en este mundo que le parecía siempre tan maravilloso.

Caminaba despacio bajo las tenues sombras de una tarde de otoño a media luz.  El tapete de hojas que adornaba la acera se quebraba bajo el Paso de sus pies.  Atenta,  escuchaba ese sonido que sin saber por qué le recordaba el crujir de los sueños cuando se rompen.  Era ahí cuando alzaba su cabeza y observaba las nubes,  esas que tanto le devolvieron amores de antaño,  las que cubrieron la luz cuando no la deseaba. Esas eran las mismas que aún permanecían ahí pareciendo intactas sobre su cabeza.
¿por qué se esfuman?  ¿de donde vienen?
Lanzaba preguntas inconclusas que por obvias razones jamás le fueron respondidas.  ¿y si cuando morimos nos volvemos nubes? ¿o quizás rayos de sol? 
Cuando sobre sus manos se posaba esa luz efímera que desprende el sol a media tarde,  solía quedarse mirandola por un rato y sentía esa calida caricia natural que le recordaba tiempos mejores o tal vez sólo le ofrecía la tranquilidad que temporalmente necesitaba. 

"cuando muera desearía ser un rayo de sol,  así podré posarme sobre el mundo, sobre las cosas que amo y sobre las que no tanto.  Así podré dar luz y calor a sombras tristes y oscuras que podré hacer pasajeras.  Cuando muera desearía convertirme en tranquilidad para los demás,  en un beso.  O no, mejor en un abrazo,  así podré sentir las intenciones más puras y podré encajar en cada cuerpo que de mí haga falta"  siguió su camino con la compañía temporal de ese rayo de sol.  Sin saber que esa sería la unica vez que este se posaría en su piel,  si nisiquiera imaginarse que esa,  sería la última vez que desearía algo en su vida.

-Daniela Loaiza

domingo, 12 de julio de 2015

Líneas como fronteras

Gracias por direccionar mis ojos,  los arboles se hacen más grandes y me pongo a sonreír sin sentido a todo el mundo. Claro que sé que sentido tiene, pero es estúpido que otros se conviertan en complices de mi sonrisa.

No se me hace costumbre amar,  soy muy detallista y espero poco de los demás.  Pero entiendo perfectamente lo que me pasa,  hace días cuando me llevabas de la mano y me mirabas a los ojos pretendiendo decir algo, sentí una sensación que recorría por mis venas y me impulsaba a sonreír,  a mirar y sentir cada palpitación tuya,  cada deseo mío.  ¿podríamos hacer ese momento eterno?  ¿podríamos morir por un rato ahí,  viviendo para el otro?  Parecí desaparecer,  no estaba en órbita, el suelo no sostenía mis pasos,  me sentí libre y a la vez atada a un momento que deseaba fuera eterno, que sus ojos no dejaran de mirarme y que su mano siguiera apretando tan fuerte,  que el mundo se haría pequeño para encajar ahí, juro que sentí ganas inmensas de besarle,  de entrar por fin en discordia con mis prejuicios y de hacerme un favor.
Todas las noches, cuando me pierdo en luces de ciudad, te pienso y no dejo de culparme por lo que no fue aunque siga dandome toda la razón y aceptando que está  bien cada inacto cobarde que he cometido en mi vida.

Aún así,  siento que tenemos una deuda,  una tan grande que a veces me consume y se hace culpable de varias largas noches sin dormir,  dedicadas una y cada una a usted y su extraña forma de devolverme la vida,  de sacarme a pasear por un rato fuera de este cuerpo lleno de líneas que todas parecen llegar a usted. De lineas como fronteras que dividen mis ganas y el Poder que tengo para satisfacerlas,  que fragmentan mi cuerpo para que sea sólo usted quien tenga el poder de juntarlo; juntarlo con todos los besos que quedaron en un tal vez,  esos que todavía me debe pero que estoy segura pagará.

He notado también que se está convirtiendo en la única razón por la que miro mi celular cada minuto,  y creo que pensarías que eso es memorable porque bien sabes que mi vida está atada absurdamente a esta maquina consumista,  y quizá sea usted la única razón para dejarla a un lado cada vez que así lo desee.

-Daniela Loaiza