viernes, 7 de agosto de 2015

El náufrago

Partió y recordó una vez más las Veces que quizo devolverse cuando pudo,  cuando aún miraba el ocaso y a lo lejos su mujer lo Miraba con la espera apresurada y melancólica de volverlo a tener cerca. 
Miró a su lado y lo acompañaban grandes olas de vacío,  olas que lo llevan a lugares desconocidos,  turbulentos y a veces difíciles,  pero sin duda confiaba en ellas tanto como en sus remos y en su esperanza de encontrar lo desconocido.

¿llegaría vivo a su destino?   Nadie lo sabía,  ni sus aguas.  Lo único que tenía claro era lo extensos que se le habían vuelto los días desde que naudragaba solo.
Antes,  cuando salían del puerto marinos en cantidades en sus exuberantes barcos,  tripulados por agrandadas aglomeraciones de personas.  Algunas con sus maletas cargadas de fe,  de una vida en pausa que espera un encendido automático para brillar, para vivir.  Otras sólo llenas de ganas de volver. 
Recuerdo que los miraba uno a uno antes de girar el timón y se me parecía tan extraña la forma como se despedían de sus familiares,  de sus amigos y de  la vida que habían dado por terminada en ese lugar.
Me acuerdo también que esos muelles tenían un olor extraño, un olor que a veces me hostigaba, que ahora cuando lo recuerdo todavía puedo sentir la amargura que habitaba en la sal de las lágrimas,  en la melancolía que llenaba mi barco
-¿a qué huelen los muelles?
-los muelles huelen a adiós

Se le volvió monotonía,  y así como uno se cansa de sufrir también se cansa de ver sufrir.  Claro que se sentía orgulloso,  "como no estar orgulloso de ser marino,  si nos convertimos en transportadores de vida,  de ganas,  de destinos. No sólo soy marino,  soy mi barco,  el mar,  la turbulencia y la esperanza de mis náufragos"  decía él en sus años dichosos,  esos que eran su vida,  y los que formaron lo que es ahora. 
En días de vacíos emocionales podía sentir las sirenas,  las corales y los caracoles implorarle un adiós,  decirle una a una que su vida como gran marino había acabado y que se debía conformar ahora con verlos partir a su lado y no partir con ellos. 

-¿por qué dejaste de ser marino?
- claro que no dejé de serlo.  Ahora hago parte de algo más importante.  De la fuerza,  de la energia o de eso que llaman suerte en cada naufragio.  Estoy satisfecho,  puedo pasar más tiempo conmigo y mi mujer.  Más que eso,  tengo más tiempo para disfrutar de la experiencia,  esa que recogí emocionado cada mañana cuando tiraba de las poleas y extrañaba mi hogar.

Los veleros están llenos de eso, estan llenos de ganas y de desbordados sueños,  vividos y por vivir.  Le gusta salir en las tardes a eso de las 5:30 pm porque dice que a esa hora las despedidas duelen menos y los deseos duelen más.  No naufraga solo.  Naufraga con cada tripulante de su antiguo barco,  con su mujer y con cada recuerdo que habita en su mente,  esa que nunca podra ser sellada,  esa que vive inmensas aventuras con él.

-Daniela Loaiza

No hay comentarios.:

Publicar un comentario