Le estaba contando que le temo al olvido. Paré y le mostré mis manos, las sentí y estaban frías, como casi siempre.
-Toquelas. Le dije.
Pero se rehusó. voltió la cabeza y siguió observando lo que lo alejaba de mí, estaba muy lejos. pero más lejos lo sentía yo a él aún estando a mi lado. La distancia no se acota acercándose, la distancia se acota perteneciendo,al momento, a las personas, a la vida.
-usted tiene muy mala memoria, que ironía. Respondía sin mirarme, era tan ajeno al momento que me parece ahora que no estaba hablando conmigo.
- ¿usted tiene muchos recuerdos? ¿tiene recuerdos de cuando era pequeño? Le dije.
Voltió y conté aproximadamente 4 segundos antes de que contestara. Estaba inseguro, no sabía que decir o por donde empezar pero le brillaban las pupilas, ahí también hay algo de recuerdo, es ahí donde se atraen las luces que esconden sueños, encuentros, sentimientos. 5 milímetros por donde pasa una vida entera.
Los ojos se le aguaron como remojando los momentos que ya antes habían pasado por ahí. Se le derramó un poquito la vida, caían de ahí gotas de amor, de melancolía, de impotencia y de felicidad.
Yo lo miro y sonrío, por lo menos había derretido un poco el témpano que hace unos segundos lo cubría.
-Es curioso, tengo más recuerdos de cuando era pequeño que de ahora. Empezó a contarme entre cortado.
¿puede la vida nublarse por un tiempo?
Se le puso la voz muy gruesa, parece que tuviera la garganta llena de palabritas que querían salir corriendo de ahí. Supongo yo que la seguridad está en las cantidades.
Empezó contándome una vez que salió de viaje con su familia y en el aeropuerto un radio viejo se había robado todos sus sentidos.
-no paraba de mirarlo, yo tenía 9 años y una imaginación que volaba en otros universos, pensé que las voces que salían de allí, venían de otras dimensiónes y en algún momento llegué a imaginarme a Batman hablando del otro lado. Yo pensé que ése era el único contacto que tenían ellos con nosotros y ¡era una señal! Realmente pensaba que él me perseguía y necesitaba comunicarme algo, necesitaba mi ayuda.
En ése momento él era tan feliz. Estaba viviendo. realmente estaba recordando algo que hace tiempo se le había olvidado, estaba recordando la vida, el placer.
Hablamos todo la noche de su infancia, se le había dibujado la vida en el rostro y estaba más vivo que toda la semana pasada.
-¿Todavía tienes las manos frías? Preguntó un tanto intranquilo pero más feliz.
Había empezado a palpar el agua, la serenidad que da el no olvidarse de lo esencial. De no dejar que se le olvide la raíz de su presente y sentirlo.
Yo ya no tenía las manos frías, canalizar las emociones ayuda hasta en la temperatura y mi papá estaba más concentrado, más calido, se había dado cuenta que el olvido no sólo llega en forma de recuerdos que ya no están, sino en presentes olvidados, en presentes que a la larga consumidos por la rutina y el desinterés porque no han sido sentidos, quedan guardados antes de tiempo en oscuros resentimientos y arrepentimientos futuros.
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